Los maestros enseñamos esencialmente lo que somos, es decir, nuestra manera de actuar, nuestra manera de percibir el mundo, las maneras de relacionarnos con los semejantes, con el entorno, nuestros valores y actitudes. Por ello, cuando hablamos de la necesidad de formación del educador para mejorar las prácticas educativas, estamos asumiendo que esta formación implica la construcción de su persona, la reflexión, revisión y comprensión de su ser, afectividad, valores y actitudes.
La calidad de la educación depende de la calidad de los maestros. No sólo en relación a su capacitación y formación en el dominio de conocimientos en su saber específico, me refiero especialmente a su calidad como persona porque no sólo formamos con el cerebro, sino también con el corazón, las manos, las miradas, las acciones…
No es posible formar una persona nueva para una nueva sociedad, líderes competentes que asuman y enfrenten los cambios, si los maestros no somos hombres y mujeres encaminados también en la tarea de ser personas nuevas que viven en su espacio la semilla de la sociedad que aspiramos. Es más fácil formarnos para “adquirir conocimientos, habilidades y destrezas” en las distintas ciencias que nos corresponde aprender, que formarnos para ser personas verdaderamente auténticas.
En la Normal tenemos como propuesta institucional el compromiso de cultivar y fortalecer en nuestras alumnas la autonomía, pero esto no es fácil porque implica desacostumbrarnos al modo como hemos venido aprendiendo; implica primero disposición para ser tocado en nuestra vida personal y voluntad para entrar en una dinámica de cuestionamiento de verdades y seguridades adquiridas en nuestra vida.
La invitación es a que nos miremos cada uno en el espejo de nuestra propia historia revisando lo que somos y lo que hacemos, no es más que reflexionar para intentar abrir la puerta al análisis y al cuestionamiento personal de la vida de cada maestro y del colectivo del que formamos parte. Más allá está lo que cada uno de nosotros podamos reflexionar y hacer dejando el corazón en lo que somos y transmitimos comprometidos con el futuro formando seres íntegros, seguros capaces de asumir cambios.
GLADYS ELENA RESTREPO URIBE